jueves 11 de agosto de 2011

30 libros (+3)

Aquí va mi lista de 30 libros (+3), propuesta por Mauricio Montenegro en este blog. La puse acá y no en Twitter, dada mi impaciencia y porque creo que cada libro merece al menos una mínima apostilla.

1. Uno que leyó de una sentada.Dos payasos (César Aira): Lo leí de un tirón básicamente por su brevedad (y, valga decirlo, porque los libros de Aira me encantan, sobre todo sus textos cortos, que creo resultan ser los mejor logrados).

2. Uno que se haya demorado mucho en leer.
2666 (Roberto Bolaño): Es muy extenso, tal vez el libro más largo que he leído. No pude haber escogido ningún libro que haya tenido que retomar varias veces para finalmente acabarlo; no soy el tipo de lector que decida acabarse un libro, sí o sí. No, más bien soy el lector impaciente, inconstante, que espera que el autor haya hecho un libro entretenido en todas sus partes.

3. Uno que sea un placer culposo.
El cuerpo de ella (Jotamario Arbeláez): Digo culposo, porque me parece antipático el autor: un nadaísta que siempre habla de nadaísmo y de nada más. Pero, sin embargo, puede a veces mostrarse como un virtuoso poeta.

4. Uno que le gusta a todos menos a usted.
Siempre que empiezo a leer algo de Vila-Matas, pasa algo, pero lo dejo de leer. Bueno, sé de un par de amigos que les gusta mucho este autor, hablo por ellos, no he tenido tiempo de hacer una encuesta más extensa.

5. Uno de viajes.
Ébano (Ryszard Kapuscinski): En realidad, podría poner cualquier libro de Kapuscinski, cuyos libros son crónicas de viajes, enriquecidos con narraciones novelescas, digresiones filosóficas, atisbos autobiográficos, lecturas y ensayos sobre los sitios que visita; libros multigénero cuyo pretexto es un viaje a un sitio extraño y/o salvaje.

6. Uno de un Nobel.
Opiniones de un payaso (Heinrich Böll): Siempre que puedo lo recomiendo; una obrita maestra.

7. Uno muy divertido.
La conjura de los necios (J. K. Toole): Es inevitable no divertirse con este libro. Y qué raro y absurdo que su autor, dueño de tan prodigioso humor, se haya suicidado (sin haber siquiera podido publicar el libro) a los 31 años.

8. Uno para leer por fragmentos.
La tumba sin sosiego (Cyril Connolly): Citas, reflexiones literarias y vitales, bosquejos de ensayos, prosas poéticas, aforismos... En suma, un muy completo y eficaz oráculo.

9. Uno con una excelente versión cinematográfica.
Las horas (Michael Cunningham): Pocos, muy pocos los libros buenos que tienen una buena adaptación al cine; creo que la clave es tomar prudente distancia del texto, así como hace este. (Últimamente, sin que sea una decisión tomada, prefiero no ver películas de libros que me gustan mucho... Aún no me dan ganas de ver la película de Nunca me abandones.)

10. Uno con una pésima versión cinematográfica.
Donde viven los monstruos (Maurice Sendak): La versión en cine es de Spike Jonze; comencé a verla ilusionado porque, además, el guión lo había hecho Dave Eggers (a quien admiro enormemente); no llegué ni siquiera hasta la mitad, de lo mala que me pareció.

11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar.
El pabellón de oro (Yukio Mishima): No, no conozco el pabellón de oro, pero desde que leí el libro estoy ilusionado con verlo algún día. (En general los libros no me motivan a visitar lugares.)

12. Una biografía.
Escrito para no morir (María Eugenia Vásquez): Siento un gran amor por esta autobiografía (sincera y tremendamente dolorosa) de una exmilitante del M-19.

13. El primer libro que leyó en su vida.
El gato negro y otros cuentos (Edgar Allan Poe): Tal vez fue el primer libro que me atrapó y de cierta manera lo considero el comienzo de mi interés por la lectura.

14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.
Paso, no recuerdo ninguno.

15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.
El túnel (Ernesto Sábato): Ahora, la verdad, me da mucha pereza Sábato (tan melancólico, tan trascendental, tan salvador del mundo, tan -al parecer- ególatra); lo volvería a leer solo si alguien me paga.

16. Uno ruso que sí haya leído.
El maestro y Margarita (Mijaíl Bulgakov): Me lo recomendó una amiga (X. P.) hace muchísimos años y lo leí apenas hace un par. No me lo esperaba tan divertido, tan poderoso.

17. Uno de este año.
La maravillosa vida breve de Oscar Wao (Junot Díaz): Comencé el año leyendo este libro. Si no lo ha leído, pídalo prestado o cómprelo y léalo.

18. El que más veces ha leído.
Antología del aire (Gonzalo Rojas): Por supuesto, lo he hojeado muchísimas veces, no leído de cabo a rabo (casi ningún libro de poesía aguanta eso); lo reviso constantemente para recordar qué es poesía. (L
os cantos del libro, me doy cuenta, están sucísimos.)

19. Uno que lo haya sorprendido por bueno.
La eterna parranda (Alberto Salcedo Ramos): Lo leí por cuestiones laborales. No recordaba haber leído ninguna crónica de él y descubrirlo fue toda una revelación: un narrador compasivo, ágil, imaginativo, maravilloso.

20. Uno que lo haya sorprendido por malo.
Amberes (Roberto Bolaño): No sé si es malo, pero no me gustó; sentí que lo publicaron simplemente porque sabían que se iba a vender, al fin y al cabo Bolaño es un genio y ya había publicado otras obras maestras.

21. Uno de cuentos.
Sillabari (Goffredo Parise): Es en realidad un compendio de sentimientos humanos. Es intensísimo, uno siente que la vida entera está cifrada en estos cuentos (que se llaman "Amor", "Amistad", "Bondad" e così via).

22. Uno de poemas (no valen antologías).
Los poemas de la ofensa (Jaime Jaramillo Escobar): Seré breve: lo considero el mejor poeta vivo colombiano (bueno, también está Álvaro Mutis, pero prefiero a x-504).

23. Uno que le gustaría volver a leer en su vejez.
Bouvard y Pécuchet (Gustave Flaubert): Me gustaría sacarle el tiempo al menos cada dos años para releer este libro, que me divierte como pocos.

24. Uno que no le prestaría a nadie.
Centuria (Giorgio Manganelli): Es el libro que más me gusta del poliédrico Manganelli, cuyos libros son siempre inclasificables; lo traje de Italia y creo que va a pasar mucho tiempo antes de que vuelva allá (aunque alguna vez existió su versión en español, desde hace muchos años no se consigue).

25. Uno para aprender a perder.
El proceso (Franz Kafka): Con este libro, uno puede empezar a perder la ilusión de que la existencia tiene algún sentido y, de paso, gana la posibilidad de poder reírse de esto.

26. Uno que asocie con la música que le gusta.
El malogrado (Thomas Bernhard): En realidad, tengo los libros y la música en dos compartimentos separados; los libros difícilmente -nunca- me evocan la música que oigo. Elijo este porque uno de los personajes es Glenn Gould, cuyas interpretaciones de Bach me gustan y cada tanto escucho.

27. Un libro que le regalaron y no le gustó.
Agnes (Peter Stamm): No me gustó mucho. Y lástima, casi nunca me regalan libros.

28. Uno que lo haya asustado.
Los ejércitos (Evelio Rosero): Me asustó porque es un vívido retrato de esa Colombia rural, abandona y sitiada de la que nos olvidamos quienes vivimos en la ciudad.

29. Uno que se haya robado.
No robo libros porque no quiero que me los roben a mí, pero
alguna vez me prestaron Tríptico, de Augusto Monterroso, y perdí el rastro de la persona que me lo prestó. Me gusta mucho el libro, por cierto.

30. Uno que pueda salvar vidas.
----------------------: No, no creo que ningún libro pueda salvar vidas; si alguien me propone leer un libro porque salve vidas, voy a estar seguro de que es una estafa, o que tengo al frente a un demágogo, un culebrero, un ingenuo o un loco fanático.

31. Un libro álbum.
El globo (Isol): "Ten cuidado con lo que deseas".

32. Un libro de un autor colombiano que recomiende (y que no sea de García Márquez).
Los parientes de Ester (Luis Fayad): Una novela a la que no le falta ni le sobra nada; además, retrata a los cachacos, el arribismo bogotano, como ninguna otra.

33. Un libro que hubiera querido escribir.
El loro de Flaubert (Julian Barnes)